¿QUÉ ES UNA BOSQUE-ESCUELA?

Las bosque-escuelas son un modelo de centros educativos en los que, siempre y cuando las condiciones climatológicas lo permitan, todas las actividades, dinámicas, rutinas, etc. se realizan al aire libre, en medio de la naturaleza. Para ello, los/as niños/as debe ir adecuadamente vestidos y equipados, según la estación del año. Cuando se dan situaciones climatológicas muy adversas (fuerte tormenta y/o ventisca, granizada, ola de calor...), una pequeña cabaña sirve como refugio para que niños y educadores puedan resguardarse.

Este modelo educativo entiende que los niños son como semillas que poseen en su interior todo lo necesario para desarrollarse. Así, la tarea educativa consiste en el acompañamiento y empoderamiento de los niños desde el afecto, la comunicación y el respeto. Del mismo modo, la confianza en las habilidades innatas de los niños (creatividad, curiosidad, imaginación, capacidad de asombro, adaptabilidad…) así como el juego libre y espontáneo son clave.

En las bosque-escuelas, la naturaleza es la gran maestra. Con sus amplios espacios y elementos naturales (arena, flores, ramas, musgo, troncos, piedras, árboles, barro, semillas, etc.) ofrece a los niños gran cantidad y diversidad de aprendizajes, experiencias sensoriales, posibilidades de juegos, creaciones y movimientos que contribuyen a aumentar su fortaleza física y emocional, su autonomía y la confianza en sí mismos.

Los educadores, especializados en metodología bosque-escuela, realizan un acompañamiento respetuoso y personalizado de cada niño, siendo la ratio de alumnos por educador mucho más reducida que en las escuelas tradicionales (generalmente 1 educador por cada 8 alumnos). Se impulsa el desarrollo social, cognitivo, emocional y físico de cada alumno, poniéndole en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Las actividades se realizan al aire libre y se hace uso de elementos de la naturaleza, cumpliendo con los objetivos marcados por el currículum oficial (incluidos los de lectoescritura y matemáticas). Así, se trabajan tanto los objetivos curriculares marcados en la ley como la educación medioambiental y la educación emocional. Además, se refuerzan diferentes habilidades fundamentales que permitirán a estos niños afrontar los retos y desafíos del siglo XXI (soft skills): empatía, resiliencia, cooperación, creatividad, resolución de conflictos, pensamiento crítico...

Se estimula la curiosidad de los alumnos, esa sed innata por descubrir y entender el mundo que les rodea, principal motor de sus aprendizajes . También son esenciales la manipulación, la observación, la experimentación y el movimiento libre. Se consiguen así aprendizajes significativos y contextualizados, que permanecen en el tiempo.

En estas escuelas, sin paredes ni techos, los niños desarrollan su conexión innata con la naturaleza, mediante la actividad espontánea y las vivencias directas: juegan con hojas y semillas, trepan a los árboles, construyen cabañas, observan el cambio de estaciones… y crecen, perfectamente integrados, en un entorno amplio y respetuoso. Esto favorece que los niños amen la naturaleza y aprendan a cuidarla, adquiriendo así unos valores indispensables de responsabilidad, conciencia medioambiental y sostenibilidad ecológica.